Infancia – J.M. Coetzee

            En el invierno del 2003 regale a mi padre Infancia y Juventud del entonces recién galardonado John Maxwell Coetzee. Recuerdo que lo hice movido por la curiosidad y por que no encontré otro mejor regalo para mi padre en ese momento. Algunos años después y por extrañas razones leí –Juventud – y mas recientemente –Infancia-, cosa extraña si se considera el orden cronológico de las cosas. Pero si de algo esta segura la literatura, por lo menos la buena literatura, es de no responder a parámetros cronológicos. La infancia y la juventud son simples accidentes, anécdotas en el archivero de la vida.

 

            Mi lectura a priori de  Juventud– provoco que yo esperara en –Infancia- mas contenido, mas respuestas, mas carne, mas sangre. Pero Bienaventurados los que nada esperan por que jamás serán decepcionados, en –Infancia- no hay nada de eso , si acaso destellos de algo que puede ser y no termina de ser. Infancia tiene si a caso instantes buenos ni siquiera memorables. Por otro lado, Cohetes deja ver algo que es innegable, el oficio de escritor, la capacidad de perfilar personajes sin decirlo. La historia que se cuenta pero no se escribe. Infancia como novela termina descompuesta y contaminada, .

 

            Evocar otros tiempos, propios o ajenos; establece siempre el riesgo de caer en las exageraciones o en las omisiones. Coetzee exagera, descontextualiza y sobre todo se miente. Considerando los antecedentes de John Maxwell Coetzee, la lectura de Infancia esta contaminada, por el hecho de ser el ganador de un novel, o por la recomendación de un maestro, pero nada mas patético que dejar que otros formen nuestra opinión o que influyan en nuestra visión de las cosas. No todo lo que hace  Coetzee es bueno, punto. Infancia lo demuestra con creces.  O quien puede decir que todo lo que Sergio Pitol escribe es bueno. Sobre todo cuando uno lee –El arte de la Fuga– o como Pitol es capaz de reinventarse y nutrir a la literatura con –El Mago de Viena– y luego se topa uno con la miserable “novela” titulada –Domar a la Divina Garza-. Solo por poner un ejemplo.

 

            Infancia es mucho menor a lo que Coetzee deja ver en Juventud y lejos muy lejos de –La edad de Hierro-.

 

            El personaje de Coetzee, el mismo, va perdiendo naturalidad ante su infancia. Al autor  se la va la mano, se aleja del territorio de lo real para convertirse en una novela donde parece que son ficción algunos de los sentimientos del niño y resultan inverosímiles algunas de las profundas reflexiones de una infante ante su entorno. No creo que Coetzee halla sido ese niño, pero es eso la literatura, dicho en palabras de Juan Villoro “la literatura no es el arte de inventar mentiras, si no de crear hechos in verificables” entre otras cosas.

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