Reglas de Oro/plata/bronce/hierro

Gandhi
revolucion

Todo lo moralmente justo deriva de una de estas cuatro fuentes: la percepción plena o la deducción inteligente de lo que es cierto, la preservación de una sociedad organizada donde cada hombre reciba lo que merece y todas las obligaciones sean fielmente cumplidas, la grandeza y la fuerza de un espíritu noble e invencible, o el orden y la moderación en todo lo dicho y hecho, es decir, la templanza y el dominio de uno mismo.
Cicerón, De Officiis, I, 5 (45-44 a. de C.)

Regla de Oro Jesús de Nazaret. Cualquiera conoce su formulación en el Evangelio de san Mateo del siglo I:
«Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos.» Casi nadie la observa. Cuando en el siglo V a. de C. se solicitó al filósofo chino Kung-Tzi (conocido en Occidente como Confucio) su opinión sobre la norma (para entonces ya bien conocida) de pagar el mal con bien, replicó: «¿Con qué pagaréis entonces el bien?» ¿Debe la mujer pobre que envidia la riqueza de su vecina dar a la rica lo poco que tiene? ¿Debe el masoquista infligir dolor a su vecino? La regla de oro no toma en consideración las diferencias humanas. ¿Somos realmente capaces, después de haber recibido una bofetada en la mejilla, de poner la otra para que también la abofeteen? ¿Acaso no es esto garantía de un mayor sufrimiento frente a un adversario desalmado?

«regla de Plata» es diferente: «No hagas a los demás lo que no quisieras que te hiciesen.»

Gandhi como primera persona en la historia que convirtió las reglas de oro o plata en instrumentos eficaces de cambio social. Gandhi dejó claro el origen de su conducta:

«Aprendí de mi esposa la lección de la no violencia cuando traté de doblegarla a mi voluntad. Su resuelta resistencia a mi voluntad por un lado y su callada sumisión a los sufrimientos que mi necedad implicaba por otro, determinaron que en definitiva me sintiera avergonzado de mí mismo y curase de la estupidez de haber pensado que yo había nacido para gobernarla.»
La desobediencia civil no violenta ha logrado notables cambios políticos en este siglo, hizo que la India se emancipase del poder británico, promovió por doquier el final del colonialismo clásico y proporcionó algunos derechos civiles a los norteamericanos de origen africano

Confucio. Ésta podría llamarse «regla de bronce»: «Haz a los demás lo que ellos te hagan.» Es la lex talionis, «ojo por ojo y diente por diente», más «un bien merece otro»

la «regla de hierro» «Haz a los demás lo que te plazca, antes de que ellos te lo hagan a ti.»

El dilema del preso es un juego muy simple. La vida real resulta considerablemente más compleja. ¿Es más probable que mi padre consiga una manzana si entrega la nuestra al hombre de los lápices? No la conseguirá de ese individuo, al que jamás volveremos a ver. Ahora bien, ¿es posible que la multiplicación de actos de caridad mejore la economía y que mi padre consiga así un aumento de sueldo? ¿O entregamos la manzana buscando gratificaciones emocionales y no económicas? Además, y a diferencia de los participantes en una partida ideal del dilema del preso, los seres humanos y las naciones entablan sus interacciones con ciertas predisposiciones.

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